
Sinopsis
El gimnasio olía a goma quemada y a sudor adolescente. Santos Quevedo tenía catorce años y las manos le temblaban desde primera hora de la mañana. Había intentado limpiarse las uñas con un clip durante el recreo, escondido en el baño de la segunda planta, pero solo había conseguido arrancarse una esquirla de piel del pulgar. Ahora le sangraba un poco, una línea fina y roja que se perdía en la suciedad acumulada bajo el borde de la uña.Elías Lorca entró en el gimnasio con su chándal azul marino impecable y su silbato colgando del cuello como una medalla. Tenía cuarenta y dos años, el pelo completamente gris cortado al rape, y una forma de caminar que imponía silencio antes de que abriera la boca. No gritaba. Nunca gritaba. Eso era lo peor.
Reseñas
Reseñar este libro
Entra con tu cuenta. Tu reseña llevará tu nombre de usuario.
Entra para reseñarCargando reseñas…
¿Eres titular de los derechos? Solicita la retirada